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EL ARTE DE ACEPTAR LAS DIFERENCIAS

Todavía hoy, hay quienes se hipnotizan con su propia forma de ser y no pueden aceptar que otras personas sean diferentes a ellas. Pero ¿por qué es tan complicado aceptar las diferencias?

Narciso, famoso personaje de la mitología griega, es conocido por la vanidad y el orgullo por su belleza. Cuenta la historia que un día, Narciso vio su propio reflejo en un río y se apasionó por sí mismo. No consiguiendo parar de mirarse, murió solo, en la compañía exclusiva de su yo reflejado en las aguas.

La leyenda parece muy lejana de la realidad, ¿verdad? Pero, todavía hoy, hay quienes quedan hipnotizados con su propia forma de ser y no pueden aceptar que otras personas sean diferentes de ellas. En épocas de polarización política y religiosa, es visible el gran número de personas queriendo convencer al otro de su propia razón. Pero ¿por qué es tan complicado aceptar las diferencias?

El otro siempre estuvo allí

Somos muchos. En la escuela, en casa, en el trabajo, en el grupo de amigos, podemos incluso tener afinidades y opiniones parecidas, pero sin dudas también tenemos diferencias. Cuando un bebé nace, todavía cree que la madre y él son parte del mismo cuerpo. En las primeras horas y días de vida, va ganando la conciencia de que es un individuo diferente. Este quizás sea el primer gran trauma del ser humano: descubrir que hay un mundo más allá de su propio ombligo.

Y si, desde bebés, somos alertados por la vida que hay otras existencias y necesidades, ¿qué nos hace persistir en la intransigencia de que todo tiene que ser como nosotros queremos?

La negociación

Comenzamos a negociar: aceptar un estilo musical diferente puede ser, pero cenar a las 18 hs es inaceptable. O tal vez puede admitir que su amigo no le guste un destino particular para viajar, pero no acepta que su compañero vote por un partido político diferente al suyo. Negociamos límites de tolerancia y cuando el otro sobrepasa esa línea, negamos la diferencia.

El miedo

Una actitud violenta puede estar protegiendo un miedo incontrolable. Cuando tenemos miedo de algo, nos sentimos amenazados. Y, muchas veces, aprendemos a ocultar nuestras inseguridades con agresividad. No aceptar el comportamiento ajeno puede ser una señal de que eso despierta en usted emociones que no puede controlar. Si existe un patrón donde se exaspera por un determinado tema, es hora de embarcarse en su propio viaje y reflexionar sobre lo que puede estar trayéndole angustia.

El espacio del juicio

El superyó es una instancia del aparato psíquico que comanda nuestro sentido común. Sin embargo, también puede ser un asunto severo. Es común que hagamos una analogía del superyó con un padre protector. Es el superyó quien nos recuerda llevar el paraguas, que nos interrumpe antes de una palabra agresiva o nos aconseja no ir por aquella calle oscura. Pero él también puede guiarnos a reprimir nuestro deseo y el de los demás. Generalmente, quien tiene muchas dificultades en aceptar el deseo ajeno, tiene una postura consigo misma muy severa o rígida. Podemos empezar, por lo tanto, juzgándonos menos, con la intención de, en el futuro, juzgar menos al otro también.

Compartir es sumar

Abrir la puerta del corazón a lo inusual puede traer buenas sorpresas. Si la amiga te llamó para ir a un restaurante nuevo, ¿por qué no aceptar? Nuevos lugares, nuevas personas, nuevas ideas. Y, si no es cómodo, siempre se puede volver un paso. Lenta pero continuamente, iremos ampliando nuestra red y descubriendo que compartir lo nuevo es sumar nuevas experiencias y emociones.

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